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martes, 10 de mayo de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
La Era del Recelo (2000)
La era del recelo
Hace cuatro años partió rumbo a Bolivia y Perú y volvió con la pasión de mirar. Desde entonces se dedica a registrar sus “hallazgos visuales”: imágenes en que, a la manera de los cuentos de Carver, “irrumpe algo donde aparentemente no pasa nada”. El resultado: una serie de fotos que registran la sordidez y el recelo que cada día se cuelan un poco más en Buenos Aires.
Por LAURA ISOLA
La muestra fotográfica de Hernán Reig está “colgada” en Internet y se llama Mal de ojo: un conjunto de fotos tomadas a lo largo de dos años, que pueden ser vistas como “una mirada metafórica y como ideas contrapuestas que al interactuar arrojan otro sentido”, según las describe su autor. Reig comenzó su carrera hace cuatro años, en un viaje por Bolivia y Perú: “Me fui con una cámara y empecé a sacar fotos con cada vez mayor concentración. Antes de ese viaje escribía. La literatura me parecía una actividad alta como pocas, pero no conseguía expresar lo que quería. Y de pronto, sacando fotos, encontré la síntesis”. A la vuelta, decidió tomar cursos con Eduardo Gil y Alberto Goldenstein, y luego fue asistente de Facundo Zuviría. En 1999 asistió al taller de Juan Travnik y colaboró en su estudio. La idea era educar el ojo: “En la era de la imagen, uno recibe una educación visual sin saberlo, repite esquemas adquiridos subliminalmente. El ojo es la herramienta física del fotógrafo”, dice Reig. Y, aludiendo al título de su muestra, agrega: “Para mí, ser fotógrafo es un poco un mal, un mal necesario”. Para Reig, Buenos Aires también es una suerte de enfermedad: “Me gustaría tener una relación de amante con esta ciudad, pero es difícil despegarse de esa negociación entre las oportunidades materiales y los accidentes, por llamarlos de alguna manera”.
Los “hallazgos de la visión” (manera en que Reig reconoce que fueron saliendo las fotos) encontraron su rumbo poco a poco: “Comencé buscando imágenes bellas y armónicas, pero me ganó la idea que estaba en las fotos. Lleva un tiempo aprender a mirar con detenimiento, sin urgencia. Las imágenes deben dejarse macerar. Usando un ejemplo literario, podría citar los textos de Raymond Carver, allí donde aparentemente no pasa nada, algo irrumpe cuando se sabe esperar, cuando se sabe mirar. En ese sentido, no me siento un iconoclasta: no propongo una ruptura visual con mis fotos. Diría que tienen más de pensamiento. Por lo menos en esta muestra”. La idea central de la exposición sobrevuela la sordidez y el recelo de los últimos años en la Argentina. “Hace muy poco llegué de Brasil en estado cuasi zen; al día siguiente salí a caminar y me puse a sacarle fotos a un chico que vi en una plaza, de repente apareció la madre, de la nada, y me empezó a golpear y a insultar: es un signo de la densidad actual de Buenos Aires. Paradójicamente, en Brasil no lo sentí, a pesar del mito de la violencia que hay allá, de ser extranjero y no conocer los códigos. Acá se desconfía cada vez más, todos están agazapados.”
Con sus fotos, Reig hace declaraciones de principios, muestra el aire que se respira, el recelo, las contradicciones que ve en la sociedad y en sí mismo. Eso no le impide utilizar el humor: “Lo incluyo en forma de sátira, para poner en suspenso ciertos modos sociales. Tanto en la foto de los policías alineados bajo un cartel de Videojuegos como en la del cartel de Mundo Fantástico en un paisaje yermo e inhabitado”. En cuanto a tener la muestra en Internet, después de haberla expuesto en la fotogalería de Motivarte, es algo que le permite comparar los diferentes ámbitos: “Mal de ojo fue pensada para exhibirse en la galería. Las fotos estaban enmarcadas y de cada cuadro pendía un visor con una diapositiva color. Los visitantes miraban la foto en papel, luego veían la diapositiva y ahí se daba el encuentro de los dos materiales. En Internet esto se pierde. Pero es una vidriera y la uso como tal: es un medio efectivo y veloz para mostrar mi trabajo. Para mí es una opción intermedia, no la meta final”. Para Reig es imprescindible el contacto con el público: “Mis fotos son para ver y para comentar. No me conforma perder el contacto con el observador y el orden espacial que necesita esta muestra para ser vista y aprehendida”. Mientras planea salir del habitual circuito porteño y exponer en el interior (“para experimentar cómo entran en combustión las palabras y las cosas, al cambiar de observadores”), Reig se prepara para exponer estas imágenes y fotos nuevas durante el mes de mayo (en un lugar conspicuo que aún no puede nombrar). Mientras tanto, Mal de ojo se puede encontrar enhttp://members.xoom.com/hernanreig
domingo, 13 de febrero de 2011
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jueves, 11 de noviembre de 2010
jueves, 7 de octubre de 2010
Mal de Ojo
Las cosas pertenecen al decir antes que al ver. Los ojos siguen tan presos del lenguaje que hasta resulta posible imaginar palabras recubriendo nuestras pupilas como las escamas a un pez. Sin embargo existen raras ocasiones en que una presencia nos afecta y quedamos desnudos, ausentes en lo visto. Ese instante despojado del ser, apenas un soplo fugaz durante el cual, frente a la mirada atenta, se ofrece una revelación moral, es la que testimonia cada una de estas fotos de Hernán Reig. Se sabe que formas más sutiles de control social han ido reemplazando a los espacios de encierro disciplinario. Ya no está en nuestra conciencia sino en nuestro sentido de la vista el blanco del adiestramiento. Los deseos se adhieren a la lógica de un sistema como los ojos al objeto deseado en la pantalla, una vidriera a la góndola del supermercado – así marcha la vida cotidiana en sociedades burocráticas de consumo y espectáculo.
Acaso suene anacrónico hablar de una experiencia perceptiva que lleve a distinguir entre el Bien y el Mal. Acaso el hecho de que suene anacrónico a la luz de esta exposicion pueda entenderse como otro de los efectos del Mal.
Hernán Reig se perdió por las calles de una exangüe Buenos Aires y volvió, afortunadamente, con algunas evidencias de nuestra vulnerabilidad. Sensible al sufrimiento de aquello que por ser inanimado carece de lenguaje para expresar su molestia, sorteó las trampas de la ciudad y supo reconocer el clamor de estáticas miradas que, paradójicamente no hacen sino aludir a una situación humana.
La ciudad, decorado astuto, dicta lo que debemos pensar de manera que cuando creamos hablar, nada más repitamos los nombres con los cuales ella se define a si misma y a sus partes. La aventurada lente de Hernán Reig, evadiendo este naufragio discursivo, nos invita a ver que la ciudad funciona solo porque todos sucumbimos al hechizo de Los Ojos del Mal.
Florencia Abate, (sobre la muestra Mal de Ojo, expuesta en Motivarte, Milion y Torre Monumental). Año 2000.



































