miércoles, 29 de septiembre de 2010

Belleza casera

Los gestos surrealistas de Hernán Reig asumen el riesgo de repatriar lo descartado. Fotógrafo objetual que reniega de la tecnología, ensaya otras estrategias de creación de la imagen. Se anima a preñar una sierrita para proyectar una panza de resorte. Bolitas de rulemanes serán esferas reflejantes de los seres que se acerquen al mandala. Como espejos convexos que reflejarán múltiples retratos de los observadores en forma instantánea. Reig acuña el verbo (que fue lo primero) que define su práctica visual: cachivachear. Atrapa los universos remanentes en un arte de supervivencia. De una percha cuelga la imagen del deseo, esconde otras para contagiar la búsqueda. Disecciona sus fotos para archivar representaciones del mundo. Llevan por marco el armazón de un monedero: ¿cuánto vale una imagen?; ¿cómo se consume?; ¿quién puede ser su propietario?; ¿los marcos monetarios dominan el mundo? Blisters con fechas de vencimiento ordenan las especulaciones críticas sobre una sociedad enferma. Entre la lírica y la crítica social, discurre Reig cachivacheando.

Viviana Usubiaga.
Otoño del 2004, Galería Jackie Green.

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